Dogmas en la espiritualidad
Alguien lo dijo. Alguien lo repitió. En algún punto dejó de tener autor y se convirtió en norma. Nadie preguntó de dónde venía, nadie lo contrastó, y hoy circula con la misma autoridad que una ley física.
En consulta lo veo constantemente. Alguien llega y antes de decir qué le pasa ya suelta una de estas: «Es que me han dicho que si hago esto no puedo comer carne.» ¿Quién te ha dicho eso? Silencio. ¿Y basado en qué? Más silencio.
Lo que sigue son trece afirmaciones que circulan en el territorio espiritual como verdades universales. El número no es casualidad. Algunas vienen de tradiciones reales mal interpretadas. Otras salieron de la nada y se instalaron sin que nadie las cuestionara. Todas tienen algo en común: no resisten dos preguntas seguidas.
Una aclaración antes de empezar. Desmontar una norma no es una invitación a hacer lo contrario. Si aquí se dice que el alcohol no está prohibido en el trabajo espiritual, no se está diciendo que te emborraches antes de un ritual. Si se dice que comer carne no te descalifica, no se está diciendo que vivas de filetes. El objetivo es uno solo: mostrar que estas afirmaciones no tienen la base universal que se les atribuye. Lo que hagas con esa información es tuyo.
El cuerpo y los hábitos
1. Si haces trabajo espiritual no puedes tener relaciones sexuales
Hay una observación real detrás, pero está mal contada. En determinadas personas y en ciertos momentos, el sexo, algunas comidas y determinados estados alteran el nivel de quietud y enfoque que requiere el trabajo espiritual. Eso se observó y en algunas tradiciones se convirtió en una indicación práctica: si vas a hacer un trabajo que requiere máximo enfoque, cuida tu estado previo.
Hasta ahí tiene sentido. Lo que pasó después no. La indicación salió de su contexto, perdió la explicación por el camino, y llegó hasta aquí como norma universal sin matices, sin contexto y sin destinatario concreto.
Hay personas que necesitan un estado de pureza máxima para conseguir un mínimo resultado. Y hay personas que no se preocupan en absoluto por eso y hacen cosas que te dejan sin palabras. Si la norma fuera universal, las segundas no podrían existir.
Grigori Rasputín. Campesino siberiano, sin formación formal, sin iniciación reconocida. Vida de excesos completamente documentada: orgías, alcohol, comportamiento que escandalizaba incluso a la Rusia zarista. Sus curaciones eran tan comentadas como sus orgías, y sus habilidades fueron certificadas incluso por personas que lo detestaban. El historiador Ígor Zimín escribió que no hay duda de que poseía técnica de hipnosis terapéutica.
Aleister Crowley. Uno de los ocultistas más influyentes del siglo XX, fundador de la Thelema, autor de más de 80 libros de magia que siguen siendo referencia hoy. Heroína, cocaína, hachís, alcohol, rituales sexuales, excesos en todas las direcciones posibles, todo documentado por él mismo y por sus contemporáneos. Su influencia en el ocultismo occidental es innegable.
La norma no le aplicaba a ninguno de los dos. Los dos funcionaban. Era una indicación que alguien convirtió en dogma.
2. Si haces trabajo espiritual no puedes comer carne
En la Grecia antigua ya se relacionaba el consumo de carne con el libertinaje y la impureza. La medicina antigua asociaba la carne con excesos y desequilibrios. Los cristianos heredaron esa idea, la codificaron, y desde ahí llegó al territorio espiritual moderno sin su contexto original.
Es cierto que la carne y determinados alimentos producen en algunas personas un estado de mayor agitación que puede interferir con ciertos tipos de trabajo. En procesos que requieren máximo enfoque, algunos practicantes optan por no consumirla temporalmente. Eso es una herramienta de uso ocasional, no una norma.
Pero hay un argumento que lo desmonta de raíz. Los animales no son solo seres del mundo físico. Todas las tradiciones chamánicas lo saben: los animales tienen una conexión directa con el mundo espiritual, con los espíritus, con la matriz invisible de la realidad, de una forma que el ser humano ha perdido o tiene que recuperar con esfuerzo. Viven en ese estado de forma constante y natural, sin práctica, sin ritual, sin esfuerzo. Son, en ese sentido, más espirituales que la mayoría de las personas que buscan serlo.
Y comen carne. El lobo come carne. El zorro come carne. El tigre come carne. La conexión con la fuente no se rompe por eso. Algo no cuadra en la norma.
3. Si haces trabajo espiritual no puedes tomar alcohol
Hasta el siglo XVIII era más seguro beber vino que agua en las ciudades europeas, porque la fermentación mataba parte de los gérmenes presentes en el agua. La gente no bebía por vicio: bebía porque el agua era peligrosa. En ese contexto, la borrachera era el estado habitual de una parte importante de la población. Decirle a alguien en ese momento que se abstuviera antes del trabajo ritual tenía un sentido completamente distinto al que tiene hoy.
La indicación original no era «no toques el alcohol nunca». Era «no llegues al trabajo en estado de embriaguez». Una es criterio. La otra es dogma.
Eckhart Tolle, considerado por la librería Watkins de Londres el segundo maestro espiritual más influyente del mundo, explicó en una entrevista que toma una copa de vino al día, a veces dos, sin que eso altere en absoluto su estado de presencia. Cuando pasa de ahí, sí nota el efecto. Eso no es abstinencia. Es criterio.
Y en las ceremonias mayas el vino ritual balché, fermentado de corteza de árbol mezclado con aguardiente, forma parte del trabajo sagrado de agradecimiento, petición y protección. No está prohibido. Es parte del ritual.
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Los espíritus y los espacios
4. Si trabajas con ciertos espíritus quedas contaminado para siempre
Este no lo dijo un farsante. Lo dijo alguien que conozco, con años de experiencia real y capacidades genuinas, que había heredado esa idea de su propio círculo sin verificarla. Y la transmitía con la misma autoridad que lo que sí sabía por experiencia directa. Eso lo convierte en un ejemplo más honesto que cualquier otro: el dogma no viene solo de los ignorantes. Viene también de los que saben, cuando dejan de cuestionar lo que aprendieron.
El argumento que lo desmonta es simple: las limpiezas de espacios y personas existen en todas las tradiciones chamánicas documentadas, desde los mapuches en Sudamérica hasta los chamanes mayas en México, desde hace miles de años. Se usan plantas, humo de copal, rituales específicos para eliminar cargas energéticas. Si la contaminación fuera permanente e irreversible, esas prácticas no existirían. Nadie enseña durante milenios una herramienta que no funciona.
Hay carga residual después de ciertos trabajos. Eso es real. En lugares donde ha habido masacres, guerras, muerte masiva, esa impregnación existe y es intensa. Pero incluso en algunos de los lugares más cargados de la historia han florecido personas con un nivel de desarrollo espiritual extraordinario. La carga afecta. No condena. Y con el conocimiento y las herramientas adecuadas, cualquier cosa se limpia.
5. Lo oculto es satánico o malvado por definición
La palabra «oculto» significa literalmente oculto, escondido, fuera del alcance ordinario. No malo, no diabólico, no peligroso por definición. El diablo es un constructo específico del cristianismo. Las tradiciones que trabajan en ese territorio no tienen ninguna relación con él, entre otras cosas porque no comparten la misma cosmología.
Lo que la Iglesia llamó «ocultismo» era todo aquello que escapaba a su control y ofrecía a las personas acceso directo a lo invisible sin necesidad de intermediario eclesiástico. La etiqueta de «satánico» era la herramienta para cerrar ese acceso. Funcionó durante siglos. El residuo sigue circulando hoy, incluso entre personas que no tienen ninguna relación con el cristianismo.
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El maestro y el don
6. Los maestros espirituales nacieron especiales. Tú nunca podrás llegar donde ellos
La más paralizante de todas, porque convierte algo que depende del trabajo y las condiciones en algo que depende únicamente del origen.
Es el mismo tomate en suelo árido o en suelo fértil: en uno crece, en otro no. No es otro tomate. Son otras condiciones.
Hay personas que nacen con características, habilidades o contextos que las colocan en una posición de ventaja para desarrollar ciertas cosas. Eso existe. Conozco personas con una habilidad a otro nivel desde que llegaron al mundo, y que en un momento determinado decidieron que no querían nada de eso: mejor una vida más fácil, más común, más ciega. Si hubieran seguido en la dirección que marcaban sus habilidades, habrían sido extraordinarias. No lo fueron porque el potencial sin desarrollo no llega a ningún sitio.
La ventaja de salida no garantiza el resultado. Y al revés: personas sin ninguna condición especial de partida, con trabajo y con las condiciones adecuadas, llegan donde otros con todas las ventajas no llegaron.
Buda era príncipe. Nació en una familia con riqueza y poder, creció en un palacio donde su padre se aseguró de que no viera ni enfermedad ni muerte. Vivió en el lujo hasta los 29 años. A esa edad lo abandonó todo para buscar. Intentó el ascetismo extremo, el ayuno total, la privación completa, y casi muere. Lo abandonó también. Lo que encontró fue lo que él llamó el camino medio: ni el lujo ni la privación extrema. Y en ese proceso creó deliberadamente las condiciones para desarrollarse. No le cayó del cielo. Lo construyó.
Jesús, según las corrientes históricas no oficiales y los textos que la Iglesia descartó de la versión canónica, pasó años viajando y formándose antes de iniciar su vida pública. Los dos crearon las condiciones. Eso es lo que hicieron.
7. Los maestros espirituales no se equivocan
Sathya Sai Baba. Gurú indio con decenas de millones de seguidores en todo el mundo, considerado por sus devotos avatar del dios Shiva, una de las figuras espirituales más veneradas del siglo XX.
Predijo que sería reconocido como rey del mundo entero a partir del año 2000. Predijo que los musulmanes le reconocerían nueve años antes de su muerte. Predijo que viviría hasta los 96 años. Murió a los 85. Anunció en fechas concretas una edad de oro de transformación de la consciencia humana que fue aplazando repetidamente cuando no llegaba.
Ninguna de esas predicciones se cumplió. Y ningún seguidor podía cuestionarlo, porque la infalibilidad del maestro era el dogma central del sistema. Cuando una predicción fallaba, se reinterpretaba. Se buscaba una explicación. Se anunciaba una nueva fecha. El maestro nunca se equivocaba, la predicción simplemente todavía no se había cumplido.
Eso es el dogma en funcionamiento: no es solo que el maestro se equivoque, es que el entorno construye un mecanismo para que el error nunca sea reconocido como tal. Mientras el poder se mantiene, nadie ve nada. Solo cuando muere y el poder se disuelve, la gente empieza a mirar lo que había.
Un maestro con conocimiento real puede equivocarse. En algunos puntos tendrá experiencia directa. En otros habrá heredado ideas sin verificarlas, igual que cualquier persona. La diferencia entre un maestro y un dogma andante es que uno lo reconoce y el otro construye un sistema para que nunca quede en evidencia.
8. Hay que ser pobre y humilde para tener capacidades espirituales reales
Buda eligió la renuncia porque entendió que tener demasiadas cosas obliga a poner la atención en demasiados sitios, y eso dificultaba el estado que buscaba. Una decisión estratégica para crear las condiciones que necesitaba. No una norma universal.
Eckhart Tolle tiene un patrimonio estimado en 80 millones de dólares. Es considerado el segundo maestro espiritual más influyente del mundo según la librería Watkins de Londres. Deepak Chopra supera también los 80 millones, con libros traducidos a decenas de idiomas y conferencias globales. Thich Nhat Hanh, monje budista nominado al Nobel de la Paz por Martin Luther King, fundó monasterios en tres continentes y gestionó durante décadas una organización de alcance mundial. Ninguno de los tres vivía en la pobreza. Ninguno dejó de ser lo que era por eso.
Si la pobreza y la humildad fueran requisitos reales para mantener el nivel espiritual alcanzado, todos ellos deberían haber regalado su patrimonio y vivir solo con lo necesario. Que sepamos, eso no está pasando.
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La práctica
9. Si dudas, el ritual no funciona
La magia del caos, desarrollada en Inglaterra en los años setenta por Peter Carroll y Ray Sherwin, trata las creencias como herramientas, no como requisitos. El practicante no necesita creer en un sistema para que funcione. Lo que necesita es convicción y enfoque en el momento del trabajo.
Son dos cosas distintas. La creencia es una postura mental sostenida en el tiempo. La convicción es la concentración total en un punto durante el estado de trabajo. Puedes tener dudas sobre si algo va a funcionar y aun así trabajar con convicción plena en el momento en que lo haces. Un cirujano no necesita creer que la operación va a salir bien para que sus manos hagan lo correcto. Necesita enfoque y técnica.
10. Necesitas iniciación formal para practicar cualquier cosa
No la necesitas. Puedes practicar lo que quieras cuando quieras. Los resultados serán otros, eso sí, pero la iniciación no es la llave sin la cual nada funciona.
Si alguien te explica cómo funcionan las cerillas las enciendes mejor y más seguro. Si lo deduces solo, también las enciendes, pero igual te quemas los dedos. La iniciación existe por razones reales: da consistencia, enfoque y seguridad. Pero no es un requisito técnico para que algo funcione.
Durante años practiqué una técnica específica del chamanismo profundo sin saber que lo era, sin que nadie me la enseñara, sin iniciación de ningún tipo. En un momento posterior, un practicante con décadas de experiencia en ese territorio me preguntó de dónde venía ese conocimiento. Mi respuesta fue que de ningún sitio. Había aparecido solo. El conocimiento no esperó la iniciación.
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La moral heredada
11. Cuanto más sufres, más avanzas
El sufrimiento puede ser un catalizador, no un requisito. Hay personas con una claridad y una potencia espiritual real que no han venido de un punto de sufrimiento extremo. Si fuera el requisito universal, esas personas no podrían existir. Y existen.
Lo que hay detrás es la estructura del martirio cristiano trasladada al territorio espiritual moderno sin etiqueta. El que sufre es el que merece. El que merece es el que avanza. Es lógica religiosa, no espiritual. Y la culpa, como herramienta de control, lleva siglos funcionando. Aquí sigue funcionando, con otra sotana.
12. No puedes hacer magia durante la menstruación
Al revés exacto.
En las tradiciones con raíz real, las más antiguas y las más alejadas de la influencia religiosa occidental, la menstruación no es impureza. Es potencia. La sangre menstrual es considerada sagrada en tradiciones maorí, sioux, mapuche, kogis, shuar y mboutis, entre otras. Según los antropólogos Thomas Buckley y Alma Gottlieb, en sociedades de cazadores-recolectores la observación del período menstrual se vivía de forma positiva, sin ninguna connotación de impureza. En la tradición aborigen australiana, la menstruación sincronizada con ciclos lunares se consideraba conferidora de poder espiritual.
Lo que circula hoy es exactamente la inversión de ese conocimiento. Siglos de religión monoteística asociando el cuerpo femenino con la impureza invirtieron el significado, y el residuo llegó hasta aquí, incluso a personas que no tienen ninguna relación con esas religiones.
Lo que dicen en consulta las mujeres que llevan años trabajando desde dentro del territorio confirma lo mismo: durante la menstruación hay más, no menos.
Con la Iglesia hemos topado, Sancho. Aunque para ser exactos, Cervantes escribió «hemos dado», no «topado». Pero claro, eso también lo repite todo el mundo sin verificar. Encaja perfectamente en este artículo.
13. Todo lo que hagas te regresará tres veces
La regla de tres. Wicca, 1949, Gerald Gardner. No es antigua, no es universal, no tiene base en ninguna tradición anterior a mediados del siglo XX. Es una creencia específica de un sistema específico que salió de ese sistema y se instaló en el territorio espiritual general como ley cósmica.
No se puede demostrar. No hay mecanismo explicado. No hay evidencia de que funcione de esa manera. Útil dentro del sistema que la generó como herramienta de autorregulación moral. Fuera de ese sistema es un dogma sin raíz, sin autor conocido para la mayoría, y con setenta y siete años de historia disfrazados de sabiduría ancestral.
No teníamos suficiente con la idea del karma, que ya condiciona muchísimos actos sin que nadie haya explicado consistentemente cómo funciona. Llegaron unas señoras y unos señores, y para introducir aún más miedo lo multiplicaron por tres.
Vamos bien. Vamos muuuy bien.
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Las dos preguntas
Después de trece dogmas, hay dos preguntas que los desmontan todos. No hace falta un argumento elaborado para cada uno. Basta con hacerlas y esperar la respuesta.
La primera: ¿por qué?
La segunda: ¿basado en qué?
Si la respuesta es consistente, tiene datos, tiene lógica interna, tiene origen rastreable, el dogma puede tener base. Si hay silencio, evasivas, o la respuesta es «porque lo dicen todos» o «porque siempre ha sido así», ya tienes la respuesta.
La próxima vez que alguien te diga «es que dicen que esto es así», pregúntale quién. Y espera.
