Ruido con buena tipografía
Iba caminando por la calle y en un escaparate vi un cartel. «Terapia cuántico-consciente para la reconexión interior del ser ancestral.»
Me paro. Lo leo dos veces.
Terapia consciente. ¿Acaso hay terapia inconsciente? Para la reconexión del ser interior ancestral. Vaya, será que tengo dentro a Yoda y se le ha soltado un cable usando «la fuerza».
Centrifugo mentalmente. Y de la presión, casi se me salta un empaste.
No es un caso aislado. Es más común de lo que parece.
Te hablan del proceso, la esencia, de cómo integran su sombra, de la expansión cuántica que están experimentando, de cómo el universo envía señales a su alma para despertar su niño interior. Y cuando te das cuenta no sabes cómo procesar esa amalgama de conceptos difusos, pero sí sabes a qué tribu pertenece quien los usa.
Tiene dos patas. La primera es la palabra indefinida como anzuelo. La segunda es la frase hecha como escudo. Y las dos trabajan juntas.
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Las palabras que circulan por ahí tienen algo en común: no se pueden verificar. Esencia. Trascendencia. El Ser. Expansión. Consciencia. Alma. Si le preguntas a alguien qué es exactamente la esencia, o qué quiere decir cuando habla de El Ser, lo más probable es que empiece a girar. Te dará más palabras del mismo tipo. Te dirá que es algo que se siente, que hay que vivirlo, que la mente no llega sola. Y nunca llegará a ningún sitio concreto.
Hay una paradoja ahí que poca gente señala. Hay cosas que no se explican con la mente racional, cierto, pero sí se pueden concretar y hacer entendibles. El karma, en las tradiciones donde tiene origen, no es una idea romántica. Opera. Tiene una mecánica. Se puede explicar con precisión. Lo mismo con el alma, con la consciencia, con cualquier concepto que venga de una práctica real. El problema no es la palabra. Es que le han arrancado la raíz y se han quedado con la cáscara, que suena igual pero no pesa nada. Cuando alguien no puede concretar no es porque el tema sea demasiado elevado. Es porque no sabe lo suficiente para aterrizarlo, y la vaguedad lo tapa. La vaguedad no es señal de profundidad. Es señal de que no hay nada detrás que sostenga el peso de la palabra.
Y hablando de profundidad. Esa es otra de las grandes. Profundo se usa como sinónimo de «habla de cosas que no se suelen hablar», como si la rareza fuera garantía de que hay algo valioso debajo. No lo es. Puedes hablar en sánscrito durante una hora y no decir nada profundo. La profundidad no está en el vocabulario. Está en si hay algo real detrás.
Pero la vaguedad tiene una ventaja enorme para el que la usa: no se puede rebatir. No puedes atacar algo que no tiene forma. Y eso, en un mundo donde todo el mundo quiere parecer que sabe, es un activo muy valioso. Lo más revelador no es lo que dicen. Es lo que pasa cuando les pides que concreten.
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La segunda cosa que hace este vocabulario es más sutil. No solo comunica ideas, comunica pertenencia. Si dices alma, karma, ancestral, consciencia, expansión en la misma frase, estás diciendo algo muy claro aunque no lo sepas: pertenezco a este grupo. Conozco el idioma. Soy de los que entienden.
Es un carnet de socio. Y como todo carnet, te lo dan cuando pagas la cuota. En este caso la cuota es un curso online, un fin de semana con temazcal incluido, o simplemente suficiente tiempo en las redes para absorber el vocabulario sin el conocimiento que debería ir detrás.
El problema no es que las palabras sean falsas. Alma existe. Karma existe. El Ser existe, aunque esa sea probablemente la más maltratada de todas, porque la gente la usa como si supiera de qué habla y casi nadie que la usa podría explicarte qué es con dos frases coherentes. El problema es que las han gastado tanto, las han puesto en tantos carruseles y tantas biografías, que ya no dicen nada aunque sean ciertas. Quien las usa con rigor suena igual que quien vende iluminación en Ibiza.
Hay dos que merecen mención aparte porque su caída ha sido especialmente larga. Empoderamiento empezó en el mundo de los recursos humanos, pasó por el feminismo, y acabó en el retiro con temazcal incluido. En algún punto de ese viaje perdió todo lo que significaba. Ahora empodera el cacao, empodera la respiración, empodera la danza del vientre. Empodera todo, que es otra forma de decir que no empodera nada.
Y luego está resonar. «Esto me resuena.» Traducción: estoy de acuerdo. Pero dicho así suena a que hay una frecuencia interior que ha vibrado en sintonía con algo más grande. Es la forma más elegante que existe de validar una idea sin tener que argumentar por qué.
Y hay un truco técnico que lo acelera todo. Coge cualquiera de estos textos y léelo en minúsculas. «El cuerpo sabe. La esencia quiere emerger. El dolor es un portal.» En minúsculas es una clase de zumba con pretensiones. Ahora ponlo en MAYÚSCULAS. «EL CUERPO SABE. LA ESENCIA QUIERE EMERGER. EL DOLOR ES UN PORTAL.» De repente hay algo ahí. La palabra no ha cambiado. El efecto sí. Eso no es profundidad. Es tipografía.
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Y el escudo también ha crecido. Porque si el anzuelo atrae, el escudo protege. Son las frases que parecen abiertas y tolerantes pero cuya función real es cerrar cualquier conversación antes de que llegue a algún sitio incómodo.
«Cada uno en su camino.» «Tu verdad y la mía.» «Mantenerse en la presencia.» «No hay que juzgar.» «Todo suma.» «Todo aporta.» «La respuesta siempre está dentro de ti.»
Prueba a responder algo concreto después de escuchar cualquiera de esas frases. No puedes. La frase ya lo ha absorbido todo. Si dices que algo no funciona, estás juzgando. Si señalas un error, no estás respetando el camino del otro. Si cuestionas una idea, estás imponiendo tu verdad. El escudo no tiene fisuras porque no tiene forma. Es niebla.
Y hay otra familia que merece su propio párrafo: las palabras de movimiento sin destino. Fluir, soltar, atravesar, volver al cuerpo, sostener el espacio. Es como la persona que sale de noche toda emocionada, con las llaves en la mano y cara de tener un plan, y en algún punto del camino descubre que no sabe adónde va ni por qué salió. Son verbos sin dirección. Actividad sin mapa.
Trauma. Programado. Bioreprogramación. Cuántico. Gestionar tus emociones. Liderar tu proceso. El ser humano como proyecto de empresa con virus que hay que resetear y actualizar a la versión 3.0. Amigos del byte… ¡Bienvenidos a la espiritualidad!
El coach de hoy mezcla yoga con PNL con Gestalt con budismo laico con trabajo con el animal de poder con terapia transpersonal. Todo en el mismo fin de semana. Todo compatible. Todo sumando. No es integración de conocimientos. Es un cóctel sin forma definida, y sin forma no hay agujeros visibles. No se puede rebatir lo que no se puede agarrar.
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Esto, en la práctica, suena así:
«Desde el entendimiento del alma en su recorrido, lo que llamamos karma trasciende la visión lineal de causa y efecto para convertirse en un principio vivo que se despliega según el nivel de consciencia de cada ser. Las tradiciones aportan mapas valiosos, pero el territorio siempre es más amplio que cualquier mapa. Cada individuo está en contacto directo con esa fuerza, con más o menos herramientas, con más o menos claridad, y lo que emerge en cada caso es único aunque forme parte del mismo gran proceso. Todo, al final, es parte del camino.»
Léelo dos veces. Hay palabras serias. Hay estructura de frase. Parece que dice algo. No dice nada. No hay una sola afirmación concreta que se pueda verificar, contrastar o rebatir. Es el mecanismo perfecto: responder sin responder, usando el vocabulario del que acaba de hablar, añadiendo más capas de lo mismo, y rematar con «es parte del camino», que es la forma más eficiente de cerrar sin haber abierto nada.
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El vocabulario que usas dice lo que sabes antes de que abras la boca.
Y también lo que no sabes.
Si en algún momento mientras leías esto has pensado «interesante reflexión, cada uno integrando su verdad desde su propio centro»…
…ya lo tienes.
